mardi 4 mars 2008

Por una ciencia con conciencia



Después de su frustrado discurso de inaguración del curso académico en La Sapienza, otra vez la ciencia vuelve a ser el centro de un discuros del Pontífice, esta vez con motivo de un congreso científico multidisciplinar organizado en París. Se puede consultar aquí el discurso del Papa los participantes en el congreso interacadémico sobre el tema «La identidad cambiante del individuo» , organizado, entre otras instituciones, por la Academia de las Ciencias de París y por la Academia Pontificia de las Ciencias. Los títulos de las diversas conferencias impartidas en este congreso se pueden encontrar en su página web . Entre los temas tratados, se encuentran muchos de profundo calado científico y filosófico como:


  • Identidad, genética y alteridad

  • El yo, una perspectiva neurobiológica

  • La identidad biológica_ genes, genomas y ambiente


La gran mayoría de los ponentes eran primeras espadas de variadas disciplinas científicas como el físico de partículas Nicola Cabibbo, el neurólogo Wolf Singer, el director de investigación del CNRS Pierre Jacob y el genético Axel Kahn.



El discurso de Ratzinger, titulado "Por una ciencia con conciencia" , es casi obligatorio de ser comentado en este blog con le que comparte mucho más que solamente el nombre. Como veremos, no intenta Ratzinger una ingerencia impropia en aquello que constituye la naturaleza y el método del conocimiento científico, sino más bien por un lado ampliar el horizonte de la razón humana, uno de cuyos modos de conocer es el científico, y por otra parte unificar la experiencia científica con las demás dimensiones del ser humano, en particular con la dimensión moral.



"En el momento en el que las ciencias exactas, naturales y humanas han alcanzado prodigiosos avances en el conocimiento del ser humano y de su universo, la tentación consiste en querer circunscribir totalmente la identidad del ser humano y de encerrarle en el saber que podemos tener."



Dicho de otra manera, la tentación es una filosofía reduccionista, aquella para la cual nuestro propio conocimiento es la propia medida de lo que es el hombre. Ratzinger alerta de que no es posible reducir el hombre ni a sus dimensiones físicas (un conjunto organizado de átomos), bioquímicas (el hombre como aquello que viene definido por su código genético) ni siquiera psicológicas (el hombre como conjunto predeterminado de procesos mentales). Esta por otra parte es una actitud perfectamente científica: la realidad como perpertuo misterio, del que cada vez conocemos más y mejor, pero que parece que nunca podemos aprehender por completo. Y por más que avancen las ciencias del hombre, hoy en día aún estamos a años luz de poder entender aquellos de sus características que más lo definen: la autoconciencia, la libertad y su deseo de sentido.



"Para evitar este peligro, es necesario dejar espacio a la investigación antropológica, a la filosofía y a la teología, que permiten mostrar y mantener el misterio propio del hombre, pues una ciencia no puede decir quién es el hombre, de dónde viene o adónde va."




"A lo largo de vuestro coloquio, habéis experimentado que las ciencias, la filosofía y la teología pueden ayudarse a percibir la identidad del hombre, que está en constante devenir. A partir de la cuestión sobre el nuevo ser surgido de la fusión celular, que lleva en sí un patrimonio genético nuevo y específico, habéis presentado elementos esenciales del misterio del hombre, caracterizado por la alteridad: ser creado por Dios, ser a imagen de Dios, ser amado hecho para amar. En cuanto ser humano, nunca está encerrado en sí mismo; siempre conlleva una alteridad y se encuentra desde su origen en interacción con otros seres humanos, como nos lo revelan cada vez más las ciencias humanas."




"El hombre no es fruto del azar, ni de un conjunto de circunstancias, ni de determinismos, ni de interacciones fisicoquímicas; es un ser que goza de una libertad que, teniendo en cuenta su naturaleza, la trasciende y es el signo del misterio de alteridad que lo habita."


Ratzinger hace aquí enfasis en un punto crucial, un dato de la más fundamental experiencia: la libertad del hombre. Frente a este hecho, solo son posibles dos posturas. La primera es la ideología reductivista, para la que la libertad del hombre es pura ilusión. Démonos cuenta que si el hombre es producto exclusivo de los factores naturales que lo constituten, nuestra percepción de que somos libres solamente puede ser una equivocación, pues no hay nada en las leyes físicas que pueda codificar aquello que entendemos como libertad. Es esta, junto con su conciencia, tal vez las dos características que definen al hombre que más misteriosas aparecen a la ciencia moderna.



Esto no quiere decir que nuestro conocimiento sobre las bases físicas y neurológicas sobre estos dos fenómenos no vaya a avanzar enormemente, que seguro que lo hará, pero si alguna vez la ciencia llegar a poder expresar la libertad y la conciencia humana en bases de puros principios físicos, el hombre tomará conciencia por fin que sin ningún lugar a dudas no es más que la consecuencia más o menos afortunada que una batidora cósmica, y deberá construir su futuro en base a esto (aunque es defícil pensar es estas categorías una vez asumida la ilusión de la libertad). Por otra parte, es tal vez el tomar plenamenente en serio la libertad del hombre lo que puede empujar a muchos científicos a considerar alternativas a la concepción reduccionista del hombre y de la ciencia y tal vez mucho más acordes con digámoslo así otras dimensiones de su experiencia personal.




"En nuestra época, cuando el desarrollo de las ciencias atrae y seduce por las posibilidades ofrecidas, es más importante que nunca educar las conciencias de nuestros contemporáneos para que la ciencia no se transforme en el criterio del bien, y el hombre sea respetado como centro de la creación y no se convierta en objeto de manipulaciones ideológicas, de decisiones arbitrarias, ni tampoco de abuso de los más fuertes sobre los más débiles. Se trata de peligros cuyas manifestaciones hemos podido conocer a lo largo de la historia humana, y en particular en el siglo XX."



El conocimiento cientifico, aunque nace de la misma razón humana, no puede homologarse al conocimento moral. Esto quiere decir que la ciencia informa de la realidad, pero las decisiones sobre como actuar frente esta información son de otro orden distinto. La ciencia explica como construir una bomba realidad, pero la decisión de lanzarla (o incluso de construirla) no pueden fundamentarse en el conocimiento científico (lo que para nada quiere decir que sean irracionales).






"Encomendando vuestra investigación a la intercesión de santo Tomás de Aquino, a quien la Iglesia honra en este día, quien sigue siendo un «auténtico modelo para quienes buscan la verdad», os aseguro mi oración por vosotros, por vuestras familias, por vuestros colaboradores y os imparto con afecto la bendición apostólica."


La última referencia a Santo Tomás puede parecer anacrónica, pero cobra sentido si tenemos en cuenta que la filosofía realista cristiana de herencia griega se encuentra en la base de la ciencia moderna, con su concepción de un mundo racional, ordenado por leyes de la naturaleza que el hombre puede y debe conocer. La definición del concepto de verdad que daba Santo Tomás es una con la cual la immensa parte de los científicos se sentiría reconocido: adequatio intellecto et rei, es decir, la adecuación entre nuestra inteligencia, nuestra razón y la realidad, o dicho de otra manera, la correspondencia que de manera siempre sorprendente podemos establecer entre nuestras teorías científicas y los datos que obtenemos de la experiencia. El maestro de Santo Tomás es San Alberto, el patrón de los científicos. Estoy seguro de que hubieran vivido en nuestra época serían unas grandes personalidades del mundo científico, y recibirían con alegría la reflexión de ratzinger sobre la naturaleza última de la aventura científica.

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